La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos.
Francisco de Goya
Me cuesta imaginar la idea de la felicidad. Aunque he vivido la mayor parte de mi vida intentando reconstruir el mundo en el cual no he podido vivir, construyéndolo a trozos irreales en mi mente, el concepto de felicidad, absurdo y hermético, nunca ha tenido una forma definida en mi mente. No me considero depresiva, tampoco melancólica. Solo que la armonía de la risa, el sentimiento que al parecer produce la mera idea de dicha, me resulta irrevocable y sin sentido: una ausencia de debates morales, la deformación de las consideraciones sobre esa ligera sensación de amargura que forma parte de lo cotidiano. En ocasiones me he preguntado si la felicidad no es la obra más engañosa creada por la capacidad artística del hombre: la más depurada de las creaciones artísticas. El personaje más hermoso, ideal, utópico y por supuesto irreal de la ingente expresión humanista de ese pequeño Dios despótico que vive en el espíritu humano.
Y la felicidad vive y danza como un bardo de antaño: los brazos extendidos en un gesto cruel y la cabeza alzada sobre la fealdad y la ternura de lo real. Una historia sin nombre, que nadie desea repetir pero todos insisten en conocer.
Francisco de Goya
Me cuesta imaginar la idea de la felicidad. Aunque he vivido la mayor parte de mi vida intentando reconstruir el mundo en el cual no he podido vivir, construyéndolo a trozos irreales en mi mente, el concepto de felicidad, absurdo y hermético, nunca ha tenido una forma definida en mi mente. No me considero depresiva, tampoco melancólica. Solo que la armonía de la risa, el sentimiento que al parecer produce la mera idea de dicha, me resulta irrevocable y sin sentido: una ausencia de debates morales, la deformación de las consideraciones sobre esa ligera sensación de amargura que forma parte de lo cotidiano. En ocasiones me he preguntado si la felicidad no es la obra más engañosa creada por la capacidad artística del hombre: la más depurada de las creaciones artísticas. El personaje más hermoso, ideal, utópico y por supuesto irreal de la ingente expresión humanista de ese pequeño Dios despótico que vive en el espíritu humano.
Y la felicidad vive y danza como un bardo de antaño: los brazos extendidos en un gesto cruel y la cabeza alzada sobre la fealdad y la ternura de lo real. Una historia sin nombre, que nadie desea repetir pero todos insisten en conocer.


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