Cuando consigas una razón para morir, habrás encontrado una razón para vivir.
Francisco de Quevedo.
Somos responsables no solo de lo que hacemos, sino de lo que decidimos no hacer. Como occidentales, moralmente huérfanos de razón, intelectuales redimidos por una religión que decide el valor de los principios o la carencia de temor, nos lleva esfuerzos asumir que con cada momento, cada palabra, cada acción, cada decisión, cada silencio, cada idea que concretamos como un ideal, creamos una razón concreta, una idea que se entrecruzará en infinitas posibilidades en el intricado rostro de un mundo confuso que apenas reconocemos como el nuestro. Pero es inevitable que así ocurra, una ráfaga insuperable de pura incertidumbre. Somos los artífices de cada lágrima, risa, desconcierto, angustia, furia que brota de nuestro espíritu, aludiendo al tiempo criptico que nos lleva esfuerzos comprender.
El valor de la moral real - la persona, la ideológica, la amarga posibilidad de sacudir la cabeza y olvidar nuestro nombre en beneficio del anonimato social -, esa responsabilidad solo es para quienes pueden asumir las consecuencias, comprender el valor de un gesto y otorgar sentido a cada expresión de su vida. Pero vamos, eso sería asumir la vigencia absoluta de un deber primitivo, tribal, con nuestros iguales. ¿Y donde encaja esa certidumbre elemental en medio de la soledad moderna? En ningún lugar por supuesto. O en todos. O el corazón de los valientes, de la audacia, del poder, del tiempo de los fuertes.
Habrá esperanza, si, mientras una sola convicción sobreviva a la simple indiferencia.
El valor de la moral real - la persona, la ideológica, la amarga posibilidad de sacudir la cabeza y olvidar nuestro nombre en beneficio del anonimato social -, esa responsabilidad solo es para quienes pueden asumir las consecuencias, comprender el valor de un gesto y otorgar sentido a cada expresión de su vida. Pero vamos, eso sería asumir la vigencia absoluta de un deber primitivo, tribal, con nuestros iguales. ¿Y donde encaja esa certidumbre elemental en medio de la soledad moderna? En ningún lugar por supuesto. O en todos. O el corazón de los valientes, de la audacia, del poder, del tiempo de los fuertes.
Habrá esperanza, si, mientras una sola convicción sobreviva a la simple indiferencia.

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