El baile de la máscara rota.

25 sept. 2008


La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.

Antonio Machado (1875-1939) Poeta y prosista español.


Acto Primero:

En la muerte todos somos niños, inocentes, ilusos, irreales, pequeñas fisuras perentorias de una memoria que no podrá recordarnos después. La muerte, discreta y poderosa, una Dama déspota que canta en todos los idiomas del mundo, al rabillo del ojo de lo cotidiano, del parpadeo del común, de la vida que transcurre en lenta procesión. Los lirios de viento nos hacen velatorio sin que lo advirtamos, los pájaros cantan un réquiem intricado, la tierra bulle de monstruos imposibles que devoran nuestros dedos y nuestros ojos mientras creemos que la vida es real, que cada segundo es valioso. Y soñamos con un mundo de posibles, con una necesidad utópica, con una vehemente creencia que existimos y esperamos una idea que otorgue sentido a toda idea, a toda forma y conciencia. Y somos inocentes y puros, en esa necedad oblonga de creer que la muerte solo es una abstracción sobrenatural y desconocida, cuando nos espera en todas las esquinas, en todas las miradas, sosteniendo el quicio de la puerta, aguardando por el único momento de absoluta racionalidad del que gozaremos jamás. Y existiremos solo en el recuerdo de alguien más, en esa idea borrosa e ideal que se evocara de nuestro temor. La maldición de la compasión, del tiempo secreto.

Acto Segundo:


La muerte irrisoria. Quisiera que en mi funeral todos me insultaran y le propinaran patadas y escupitajos a mi tumba. Desearia que recordaran con gran claridad mis groserias, mis largos silencios inexcusables, mis burlas hirientes, mis gritos sin forma, la textura pálida y rudimentaria de mi sensibilidad. Pero la maldición del tiempo futil, de esa región sombría donde comienzas a desvanecerte en el secreto probablemente también me envolverá, me hará hermosa aunque no lo haya sido nunca, me dotará de dulzura, me hará pronunciar bellas palabras que nunca podría decir. Y seré Clarisa, la que recuerdan. Clarisa, ¿Recuerdas a esa chica? ¿La loca? Esa, sí, la que fue, la que no está, la que solo ahora existe en una mera idea que imagino para ella. Ah, sí, esa Clarisa. Claro que la recuerdo...Clarisa la que ha muerto, pero a quién ahora, daré vida en mi necedad.

Acto tercero ( Y final ) :

Yazgo en la tierra de un día cualquiera que sin duda llegará, inesperado y suculento. Las manos cruzadas sobre el pecho. Aguardo, con rosas marchitas entre las manos. Los rasgos abotagados, los labios descoloridos. Y ha muerto Clarisa, la vocación del gusano hará de ella un pensamiento. Adiós, Clarisa, ahora serás solo una palabra que evocará un pequeño temor.

Silencio en el Foro.

¿Hay alguien alli?

Me sacudo, grito.

Abro los ojos.

Aquí, solo hay Oscuridad.

Duermo otra vez.

Cae el telón.

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