El monstruo de la conciencia.

19 sept. 2008


La violencia no deja de tener cierto parentesco con el miedo.
Arturo Graf

La violencia aun me sorprende y me irrita, me fascina y me subyuga. A pesar de vivir en un país como el mio, donde habitualmente la muerte y la sangre son moneda vulgar, en calles sin nombre, en pequeños momentos sin valor, continua produciéndome dolor, angustia, simple maravilla ese poder de absoluta transgresión que el hombre ejerce como un lenguaje, una idea ambivalente y concreta, un tipo de creación maldita, pero aun así, significativa. Un súbita y primitiva decisión que otorga sentido a la idea más simple sobre el pensamiento humano agresividad, el temor, el dolor son elementos de una consecuencia muda y concreta sobre la esencia del pensamiento humano: el caos, el temor a la ausencia de significado. Y es el olor del miedo, el valor de la pura desesperación lo que brinda corporeidad a esa brutal humanidad del hombre, de su deseo y su limitada capacidad para aspirar a la belleza. Porque la violencia es pura, es absoluta y carece de verdadera cadencia. Un fisura amplia y volátil sobre esa necesidad de nuestro espíritu para elaborar ideas pretendidamente bondadosas. Pero vamos, creo que todos podemos admitir, incluso a costa de la integridad de esa inocencia ambivalente a la cual nos aferramos la mayoría de las veces, que el "bien" solo es un imagen brumosa en nuestra conciencia. El deseo de creer que a pesar que podemos percibir con total claridad la oscuridad del caos, solo se trata de una de las tantas de la pesadilla de la razón. Un monstruo helado que se desliza por el rabillo del deseo de orden y equilibrio que nunca podemos satisfacer.


0 comentarios: