La Bestia sin nombre.

20 sept. 2008



He aquí mi secreto: no se ve bien más que con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos

Antoine de Sain-Exupéry


La naturaleza del amor es ambigua, visceral, primitiva, antigua, violenta, brutal, inconcebible, sencilla. Porque en realidad ¿Que es lo que creemos amar sino nuestro ideal de un sentimiento que no comprendemos, una abstracción onírica que idealizamos durante en medio de la soledad absoluta del género humano? Deseamos, sí, ser aceptados y queridos, pero nunca podemos comprender la mecánica de un hecho en apariencia tan simple, tan anodino. La idea del amor resulta por completo ilógica, una ilusión de la razón: un sentimiento por completo utópico, necio que intenta delinear un supuesto social. Amamos a un hombre o a una mujer porque deseamos reflejarnos en esa idea absurda y lineal que nos brinda por un momento un rostro en medio del caos. Somos amados, existimos por un instante en la evocación de alguien más.

No obstante, al final de todas las cosas, tal vez si comprendemos el amor: La destrucción del ideal más profundo del espíritu personal en una centellante y anodida comprensión de nuestra propia futilidad.

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