Una vez pensé que la locura es como leer una y otra vez el mismo párrafo de un libro que no comprendes. Miras las letras, los abigarrados párrafos que no puedes descifrar mientras una ira impotente te devora, te carcome con un veneno lento y residual. Esa sensación de absoluta soledad, porque en realidad no hay nadie más allí, sino el eco de quién podrías ser - y no eres -, los fragmentos de una posibilidad - quién podrías ser - y finalmente, solo una confusión de rostros y palabras, una cacofonía verde y roja, ambivalente. Una penumbra gris y con olor a pesadilla, a tumba recién abierta. Y en medio de esa oscuridad carmesí, de esas sombras alargadas que no provienen de ninguna parte, se cierra puerta tras puerta tu memoria, tus deseos y temores, la esperanza de creer que existes, más allá de lo que puedes concebir como realidad, de esa elementad e intricada conciencia que intentas unir para encontrar tu rostro. Una soledad como ninguna otra, porque no existes y si existes solo lo haces por un instante, por una mínima ondulación de esa oscuridad de seda, elemental que te rodea. Y recuerdas, ese instante que es el mundo, que es real lo que aspiras y deseas ver, que estás allí después de todo. Para luego morir.
Fui diagnosticada como esquizofrénica a los once años, aunque siempre supe que mi mundo solo era una expectativa. Sin embargo, tuvo su significado comprender que esa nada amplia, como el jardin en penumbras de un gigante, podía traducirse como palabras y nombres de medicamentos que nunca pude recordar. Sentada junto a Eva, en el consultorio de un doctor cuyo rostro habría de olvidar enseguida, miré por la ventana y sentí casi un lírico entusiasmo, una sensación de pertenencia como ninguna otra. Existo, aqui ahora. Aspiré el aire de la mañana, una bocanada de luz y experimenté esa proverbial sensación que perdería enseguida para recuperarla años despues: Ser.
¿Y quién era esta niña asombrada, con los ojos muy abiertos, que miraba hacia la realidad, perfiles purpúreos acabados de nacer?
Silencio en el foro. La respuesta vendría después.
Fui diagnosticada como esquizofrénica a los once años, aunque siempre supe que mi mundo solo era una expectativa. Sin embargo, tuvo su significado comprender que esa nada amplia, como el jardin en penumbras de un gigante, podía traducirse como palabras y nombres de medicamentos que nunca pude recordar. Sentada junto a Eva, en el consultorio de un doctor cuyo rostro habría de olvidar enseguida, miré por la ventana y sentí casi un lírico entusiasmo, una sensación de pertenencia como ninguna otra. Existo, aqui ahora. Aspiré el aire de la mañana, una bocanada de luz y experimenté esa proverbial sensación que perdería enseguida para recuperarla años despues: Ser.
¿Y quién era esta niña asombrada, con los ojos muy abiertos, que miraba hacia la realidad, perfiles purpúreos acabados de nacer?
Silencio en el foro. La respuesta vendría después.


0 comentarios:
Publicar un comentario